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La fiesta de las ARS

De poco sirve disponer de un mayor presupuesto si, al acudir a la farmacia, el afiliado descubre que solo le autorizan uno de los tres medicamentos

Aumentar de RD$8,000 a RD$12,000 la cobertura para medicamentos ambulatorios del Plan Básico de Salud, como se hizo en 2023, fue un paso positivo. Nadie puede negar ese avance.

Sin embargo, también es evidente que el incremento no resolvió el problema que cada día enfrentan miles de afiliados al Plan Básico de Salud del sistema dominicano de seguridad social.

La razón es sencilla: el verdadero cuello de botella no está en el monto disponible, sino en el catálogo de medicamentos que las administradoras de riesgos de salud (ARS) están obligadas a cubrir.

De poco sirve disponer de un mayor presupuesto si, al acudir a la farmacia, el afiliado descubre que solo le autorizan uno de los tres medicamentos recetados por su médico y, casi siempre “por casualidad”, el de menor precio.

Mientras esa realidad no cambie, cualquier aumento en la cobertura seguirá siendo una solución incompleta. El problema no es solo cuánto dinero hay, sino para qué medicamentos puede utilizarse.

Existe, además, otra práctica que merece una revisión urgente: cada año desaparece el monto asignado para medicamentos que el afiliado no utiliza. Es un beneficio financiado con los aportes de los trabajadores y empleadores que, simplemente, se extingue al finalizar el período, sin posibilidad de acumularse o ser aprovechado cuando realmente se necesite. La pregunta es inevitable: ¿quién se beneficia de esos recursos que nunca llegan a convertirse en medicamentos para los asegurados?.

Las respuestas parecen estar en los resultados financieros del sistema. Mientras los afiliados deben comprar de sus bolsillos la mayoría de los medicamentos porque sus recetas no están cubiertas, las ARS continúan reportando ganancias multimillonarias, que históricamente superan los RD$20,000 millones.

Nadie cuestiona el derecho de las empresas a obtener beneficios por administrar el riesgo en salud. Lo que sí resulta cuestionable es que esas utilidades convivan con un modelo que limita el acceso de los afiliados a medicamentos esenciales y reduce la protección que debería garantizar el Plan Básico de Salud.

La reforma pendiente de la seguridad social no puede limitarse a discutir montos. Debe revisar el catálogo de medicamentos, el destino de los recursos no utilizados y las reglas que hoy colocan al afiliado en una posición de evidente desventaja frente a las ARS.

Si el sistema existe para proteger a las personas, ha llegado el momento de que esa protección deje de ser un discurso y se convierta en una realidad. De lo contrario, la gran fiesta de la seguridad social seguirá teniendo los mismos invitados de siempre, mientras quienes financian el sistema continuarán mirando la celebración desde fuera.

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