
La República de Haití es una bomba de tiempo, pero a la vez de destrucción masiva. Puede detonar en cualquier momento. Está compuesta por mucha miseria y desesperación. Luego del sufrimiento de las personas, lo que más nos preocupa es el futuro de los Estados vecinos, que, entendemos servirán de contenedores.
El “estado” de Haití cuenta con más de ocho millones de personas que están hambrientas, dolidas y controladas por el crimen terrorista organizado, y lo peor de todo: ¡sin esperanzas!
Haití hoy día está peor que los países de Africa. Nadie le presta. Poco interés de sus dirigentes, que se sientan en un escritorio a esperar que los organismos internacionales les tiendan una mano y a criticar que otros estados asuman su responsabilidad.
Estados Unidos no es la Madre Patria de Haití, tampoco tiene una responsabilidad jurídica. Haití fue “La perla de las Antillas” bajo colonia de Francia y hoy tiene una pobreza absoluta.
Haití pertenece a la OEA (organismo regional más antiguo del mundo) y en sus propósitos detalla sus atribuciones, que tres de ellas avalan el apoyo a aquella desdichada nación.
Lo más probable que la intervención ocurra cuando se desplacen masivamente, o posiblemente cuando algún soldado dominicano defendiendo el territorio de Duarte recurra a algún tipo de violencia y de allí vengan sanciones. La comunidad internacional no debe estar sustentada en improvisaciones.
Las crisis en las naciones tienen sus etapas y son bien conocidas por los expertos en la materia, por lo que sentarnos a esperar la última sería muy arriesgado. En dado caso, prevenir abriendo carpas humanitarias en la isla Tortuga para contenerlos o en todo Petionville.
El temporizador cada vez se acerca a su punto de detonación y se nos está agotando el tiempo…