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Amarren a los motoristas feroces

Los motoristas actúan en manada y atacan a cualquier ciudadano por el más mínimo incidente

 

Al parecer, los controles de circulación vial no están concebidos para esos “chivos sin ley”. Cruzan los semáforos en rojo, transitan por las aceras y circulan en vía contraria de “forma olímpica”, ante la vista de “los ciegos agentes del tránsito”.

Más allá de todas esas violaciones, los motoristas actúan en manada y atacan a cualquier ciudadano por el más mínimo incidente en el que se vean involucrados. Un pequeño roce en una de sus piernas puede detonar una reacción desproporcionada, como si se tratara de un golpe que requiriera atención médica urgente.

Sin embargo, suelen apropiarse de los estrechos espacios entre carriles, por donde se desplazan sin importar si en su paso arrastran la pintura de un vehículo , continuando como si nada, sin la más mínima responsabilidad ni arrepentimiento.

Ahora, un grupo de motoristas de Santiago acaba de rebosar la copa del desorden, al organizarse como manada para perseguir e inferir estocadas mortales al conductor del camión recolector de basura, Deivy Carlos Abreu Quezada, de apenas 41 años, quien murió desangrado a causa de ese inhumano acto.

Las escenas de terror protagonizadas por motoristas no se detienen en ese lamentable hecho. Son responsables de la rotura de cristales, rayaduras de vehículo por incidentes menores, entre otros actos de violencia.

No obstante, es importante reconocer que no todos los motoristas actúan de manera irresponsable. Muchos ciudadanos dependen de ese medio de transporte para trabajar dignamente y cumplir con sus obligaciones. Por ello, cualquier enfoque debe evitar generalizaciones y centrarse en quienes infringen las normas.

Con más de 3.7 millones de motocicletas registradas en el país, la magnitud del desafío exige medidas concretas. De esa cantidad, 834,000 fueron fiscalizados durante 2025, de acuerdo con la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett).

Es imprescindible fortalecer la aplicación de la Ley de Tránsito, mejorar la supervisión en las vías y promover campañas de educación vial que fomenten una cultura de respeto y convivencia.

La solución no radica únicamente en sancionar, sino también en prevenir y educar. El orden en nuestras calles no puede seguir siendo una aspiración lejana. Es una necesidad urgente para garantizar la seguridad, la convivencia y el bienestar colectivo.

Junto a la creación de conciencia, se debe “amarrar” a los motoristas infractores con sogas tejidas con todos los artículos contenidos en la Ley de Tránsito 63-17, para controlar a los conductores, incluyendo a quienes se desplazan en ese tipo de vehículo.

La sociedad clama por el sometimiento al orden de aquellos motoristas que transitan “como chivo sin ley” por nuestras calles, avenidas y carreteras, en favor del bien común.

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