Previo a las elecciones de su nueva directiva, el 29 de este mes, el Colegio Dominicano Periodistas (CDP) está sumergido en debates de ideas sobre cuáles son los hombres y mujeres más convenientes para comandar esa organización.
Hablo de una mirada desde afuera porque no soy miembro de entidad, aunque tengo 30 años de ejercicio del periodismo y relaciones pública y soy licenciado en Comunicación Social. Me he resistido a serlo porque ni antes, ni ahora, he estado de acuerdo con el manejo del CDP.
Considero que el CDP no ha representado a los periodistas colegiados porque no ha sido firme en la defensa de los intereses de sus agremiados, como lo ha hecho en muchas de sus gestiones el Colegio Médico Dominicano, por ejemplo.
En la mayoría de sus etapas, el CDP solo ha servido como trampolín para defender los intereses de sus directivas, y buscárselas como toros y vacas, con pensiones, puestos en el Estado y la obtención de publicidad para sus programas.
No quiero personalizar y señalar a nadie en este artículo de opinión, ya que ni estoy familiarizado con los nombres de los movimientos dentro del CDP. Sin embargo, creo que es una debilidad que un presidente de esa entidad sea a la vez director de comunicación de una institución del Estado, esté prohibido o no en algunos de los articulados de la Ley 10-91 que lo creó. Y repito, mi mirada es solo institucional; no particular, porque esa situación se ha repetido en varias ocasiones, y puede continuar porque muchos de los actuales aspirantes son asalariados del Estado, y si ganan no van a renunciar.
Esos puestos no pueden ser compactibles porque los intereses cruzados suelen debilitar la defensa de cualquier colega frente al atropello en algunas de las instituciones del Estado, en este gobierno, el pasado o el venidero.
El CDP debería esforzarse más por defender a nuestra profesión del intrusismo de los llamados comunicadores, que, incluso, se han sentido más en estos tiempos hasta en áreas de comunicación de instituciones del Estado, que son dirigidas por personas de otras carreras, sin ninguna preparación o experiencia fuerte en la comunicación estratégica, cuyas motivaciones para ocupar esas posiciones son tener un presupuesto de publicidad y manejar una nómina, en la mayoría de los casos.
Espero que el CDP se convierta, en algún momento, en una entidad defensora de los intereses de los periodistas profesionales, como debe ser, por el bien de todos aquellos que nos formamos en una institución académica o en las salas de redacción de medios tradicionales para ejercer el periodismo apegados a valores y a normas de convivencia.
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