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Reflexión en otra vía

 

La aprobación por el Congreso de la extensión del estado de emergencia representa un respiro en el largo caminar de la población por innominados caminos del coronavirus donde cada paso representa un alto riesgo de agravamiento de la pandemia.

El retorno a la nueva normalidad para una sociedad como la nuestra, muy rezagada en indicadores humanos, sociales y económicos frente a otras como la escandinava, o potencias como Estados Unidos, España, Francia, Italia, Alemania y Reino Unido, representa un  enorme desafío que requiere de mucho sacrificio.

Las elecciones presidenciales y congresuales del 5 de julio se  efectuarán  al influjo del COVID 19, pues no hay a la vista ninguna receta que conjure esa epidemia antes de la fecha del sufragio, por lo que todos acudiremos a las urnas en ambiente de protección sanitaria.

Partidos y candidatos  deberían  asimilar el hecho cierto de que  esta vez la campaña electoral prescinde de caravanas, mítines y marchas y que, por razones pandémicas, se  circunscribe a pequeñas reuniones presenciales  y al uso de medios de comunicación convencionales, redes y  ha convocatorias virtuales.

Con o sin periodo de emergencia, el Gobierno está compelido, como ocurre en todo el mundo, a ejecutar programas de ayudas económicas, financieras o  distribución de alimentos a poblaciones vulnerables y a trabajadores suspendidos, por lo que,  si se ejecutan con efectividad, esas acciones  reditúan provecho electoral.

En dirección contraria, como ha sido en otras naciones, si tales iniciativas  están adobada de incompetencia, privilegio o exclusiones, se reflejarían negativamente  en el escenario de la campana  electoral, por lo que  es  posible decir que lo que es igual no es ventaja.

Un sector de la oposición política se opuso a la extensión del estado de emergencia bajo el criterio de que  se conculcan derechos fundamentales a pocas semanas de la campaña electoral, sin  entender que lo contrario sería  colocar al país en riesgo de un rebrote  de la pandemia, como ocurre hoy en Estados Unidos y Chile.

Otro litoral opositor enarbola la tesis de que el Gobierno y el partido oficial se benefician del periodo de restricción  porque sus candidatos distribuyen alimentos  y fumigación en horas de la noche, pero nunca promovieron algún acuerdo político para evitar  o equiparar esa supuesta anomalía.

El escenario de concertación abandonado por liderazgos tradicionales fue ocupado por insurrectos coyunturales que lograron sus 15 minutos de gloria  con  la promesa  del oficialismo de  aprobar en la Cámara de Diputados un proyecto de ley toxico e inviable.

Lo que ha ocurrido en la Cámara Baja, obliga  a la oposición a redireccionar su estrategia electoral y reflexionar sobre las razones, no por las cuales un candidato sube, sino porque los otros reducen.

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