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Nacionalizar las marcas de supermercados

Los empresarios deben mirar este asunto más allá del precio de compra

Los supermercados descubrieron hace tiempo que una manera de diferenciarse de la competencia es vender productos que solo puedan encontrarse en sus establecimientos. Así nacieron y se expandieron las marcas propias, una estrategia comercial que ha cambiado significativamente el mercado dominicano.

Desde el punto de vista mercadológico, la decisión ha sido exitosa. El consumidor encuentra productos exclusivos, los supermercados fortalecen su identidad comercial y, en muchos casos, fidelizan a quienes acuden para comprarlos.

Pero hay una pregunta que como país debemos hacernos: ¿quién está capturando la mayor parte del valor económico generado por esas marcas? Una parte importante de los productos comercializados bajo marcas propias se adquiere en grandes volúmenes en el exterior y luego es empacada o acondicionada en República Dominicana. España, Suiza, Guatemala, China y Estados Unidos, entre otros países, participan de este negocio. También es cierto que una proporción de esos productos es fabricada o adquirida localmente. Pero precisamente ahí está el desafío: ¿por qué no puede ser mucho mayor la participación de la industria dominicana?

Las grandes cadenas de supermercados tienen una extraordinaria oportunidad para impulsar la producción nacional. Incorporar más fabricantes dominicanos a sus marcas exclusivas significaría generar empleos, desarrollar proveedores, fortalecer industrias y multiplicar el valor agregado que permanece en nuestra economía.

Los empresarios deben mirar este asunto más allá del precio de compra. Cuando un producto se fabrica en República Dominicana, detrás hay trabajadores, proveedores, transportistas, empresas de empaques, servicios logísticos y una extensa cadena productiva. Esos trabajadores también son consumidores de los propios supermercados.

Y existe una segunda oportunidad, quizás más importante: convertir las marcas propias en una plataforma para desarrollar empresas dominicanas capaces de competir en el exterior.

Algún día, uno de nuestros supermercados podría expandirse a otros países. Entonces, llevar en el empaque la identificación “Made in Dominican Republic” no será simplemente una etiqueta; puede convertirse en una carta de presentación de nuestra capacidad productiva.

No se trata de cerrar las puertas a las importaciones, sino de importar lo que no podemos producir competitivamente y producir aquí aquello que sí podemos hacer con calidad, eficiencia y volumen.

Ha llegado el momento de pasar de los discursos y los infomerciales sobre el apoyo a los productores nacionales a una práctica empresarial concreta: comprar más productos dominicanos cuando tengamos la capacidad de producirlos competitivamente. Las marcas propias pueden ser mucho más que una estrategia para diferenciar supermercados. Pueden convertirse en una herramienta para nacionalizar el valor, crear empleos y construir la industria dominicana del futuro.

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