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Maduro secuestrado y traicionado

Dice la gente del pueblo que los amigos se conocen en la cárcel y en el hospital

Desde el momento en que me enteré de la noticia de que un comando militar estadounidense penetró en el búnker donde se encontraban el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, con quien procreó cuatro hijos, secuestrándolos y llevándolos detenidos a Nueva York para ser procesados, acusados de diversos cargos criminales, matando a no sé cuántos combatientes venezolanos y a más de 30 cubanos, supe que había sido vendido y traicionado por su propia gente, lo cual es común y recurrente en la historia de la humanidad.

Con el secuestro de Maduro y su esposa, Cilia, el Gobierno de los Estados Unidos, con la penosa complicidad de muchos gobiernos latinoamericanos y europeos, violó todos los tratados internacionales, la inmunidad de los presidentes, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, entre muchos otros principios, sin ninguna consecuencia.

No tuve ninguna duda de que la vicepresidenta Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, ministro del Poder Popular, así como congresistas, empresarios y jefes militares, entre otros beneficiados de la «Revolución chavista», de la que tanto se beneficiaron durante más de 20 años, lo vendieron para mantenerse en el poder y, por unas monedas, como Judas a Jesús, aunque la comparación no sea del todo válida.

Aunque tengo una versión diferente del «fraude electoral» en Venezuela que permitió la reelección del presidente Maduro y de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, entre otros funcionarios, si Maduro era ilegítimo, Delcy también lo era por haber sido «electa» durante el mismo proceso electoral.

(Siempre he sostenido que los chavistas ganaron las elecciones del domingo 28 de julio de 2024, pero que las perdieron en el imaginario de la gente de todo el mundo al no poder enfrentar con éxito la campaña mediática montada por los organismos de seguridad de Estados Unidos y sus aliados derechistas del hemisferio para favorecer a la oposición encabezada por María Corina Machado y Edmundo González, ambos agentes probados de la CIA. Ya antes habían fracasado con Juan Guaidó, el mequetrefe que declararon presidente de Venezuela).

El fenómeno venezolano del «golpe de Estado mediático» se replicó en Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, entre otros países. Las redes sociales y las gigantescas granjas de bots, como las que tenía instaladas Fernando Cerimedo en Bolivia, Argentina y Colombia, se utilizaron para generar una percepción de victoria o derrota, con efectos catastróficos para la «democracia» de esos países.

No creo que nadie sensato tenga dudas de que Maduro fue vendido por Delcy Rodríguez, Cabello y otros chavistas a cambio de mantenerse en el poder. Ese grupo de traidores a la «Revolución» decidió entregar el petróleo, el oro, las tierras raras y demás recursos naturales renovables y no renovables a Donald Trump y a Estados Unidos, como se ha demostrado.

Dice la gente del pueblo que los amigos se conocen en la cárcel y en el hospital.

La traidora de Delcy Rodríguez debió ser «secuestrada» o «apresada» al llegar a Nueva York para participar en la Asamblea de las Naciones Unidas (ONU), por ser vicepresidenta «ilegítima» de Venezuela.

Durante su breve discurso, la presidenta encargada «mostró el refajo» de su traición a su compañero, socio y amigo de muchos años, Nicolás Maduro, al no mencionarlo ni una sola vez. No denunció el atropello, no denunció la invasión, no denunció el secuestro ni la violación de la Carta de las Naciones Unidas. Tampoco reclamó enérgicamente la puesta en libertad y la extradición a su país del presidente Maduro, ni fue a visitarlo a la cárcel donde se encuentra preso junto a la madre de sus hijos, Cilia Flores, en un gesto de humanidad y solidaridad.

¡Canalla! ¡Vende patria!

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