InicioOPINIÓN DEL DIRECTORLa campaña que nadie detiene

La campaña que nadie detiene

La propia JCE ha establecido que la precampaña para las elecciones de 2028 comenzará el primer domingo de julio de 2027

A dos años de las elecciones presidenciales de 2028, el ambiente político dominicano comienza a calentarse con la aparición de proyectos presidenciales, reuniones, adhesiones y movimientos internos en diferentes organizaciones políticas. Incluso, algunos aspirantes ya exhiben públicamente respaldos y estructuras, generando un debate sobre si estamos ante una legítima actividad política o ante una campaña electoral adelantada.

La preocupación no es menor. La propia Junta Central Electoral ha establecido que la precampaña para las elecciones de 2028 comenzará el primer domingo de julio de 2027, mientras que la campaña electoral formal se abrirá posteriormente mediante la proclama correspondiente.

La Ley 33-18 es clara: su artículo 78, numeral 8, contempla incluso la inadmisibilidad de la candidatura para los aspirantes que inicien campaña antes del período oficial de campaña o precampaña, correspondiendo a la JCE hacer cumplir esa disposición.

Entonces, ¿dónde está la frontera entre organizarse políticamente, recibir adhesiones y promover una aspiración presidencial? Ese es precisamente el punto que requiere mayor claridad y vigilancia.

La JCE ya ha advertido en ocasiones anteriores sobre la prohibición de actividades proselitistas fuera de los períodos establecidos. Por eso, ante el creciente movimiento hacia 2028, resulta legítimo preguntarse si el árbitro electoral debe asumir una posición más activa para evitar que quienes tienen mayores recursos, estructuras o exposición pública obtengan ventajas anticipadas.

Una campaña que comienza demasiado temprano también puede afectar la vida interna de los partidos, convertir las organizaciones en escenarios permanentes de competencia presidencial y desplazar de la agenda nacional los problemas que hoy demandan atención.

El país necesita partidos fuertes, democráticos y competitivos, pero también reglas iguales para todos. Si existe un calendario electoral, debe respetarse. Y si las normas resultan insuficientes para enfrentar las nuevas formas de proselitismo, corresponde discutirlas y fortalecerlas.

La democracia no solamente necesita candidatos; necesita también árbitros vigilantes y reglas que se cumplan.

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