En Santo Domingo Este, la comunidad se encuentra consternada tras una tragedia que ha sacudido en el sector Nueva Jerusalén. El caso del capitán pensionado Fabio Montero Berigüete, quien cometió un acto de violencia que resultó en la pérdida de varias vidas, pone de manifiesto la urgente necesidad de trabajar con la familia como núcleo social.
En este escenario deben entrar las instituciones que hacen vida comunitaria: familia, juntas de vecinos, escuela e iglesias no importando su confesión de fe y práctica, estas últimas tiene gran compromiso en su misión no solo de «salvar el alma, sino el cuerpo».
La familia, como primera institución de la sociedad, juega un papel fundamental en la formación de valores, el manejo de emociones y la construcción de relaciones saludables. Sin embargo, en un mundo cada vez más acelerado y lleno de desafíos, este núcleo fundamental de la sociedad enfrenta dificultades para mantener una comunicación efectiva y un apoyo mutuo entre sus miembros.
Eventos como el ocurrido en Santo Domingo Este no solo afecta a las víctimas directas, sino también a la comunidad en general. La violencia intrafamiliar, en sus diversas formas, es un reflejo de problemas más profundos que requieren atención urgente de todos y principalmente de las autoridades competentes para actuar. La falta de recursos emocionales, económicos y sociales puede llevar a situaciones extremas que terminan en tragedias.
Algo que debemos tener muy en cuenta es la problemática de la salud mental como prioridad en el sistema de salud, teniéndose en cuenta que, según los resultados aportados por los organismos competentes de salud, hay un 20 % de la población dominicana padece un trastorno mental.
Es crucial implementar programas de apoyo psicológico y social que fortalezcan los lazos familiares. Talleres de manejo de emociones, comunicación efectiva y resolución de conflictos pueden marcar la diferencia. Además, las instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales deben trabajar en conjunto para ofrecer recursos accesibles a las familias en riesgo.
La tragedia en Nueva Jerusalén es un recordatorio doloroso de que la familia debe ser protegida y fortalecida. Es responsabilidad de todos, desde líderes comunitarios hasta ciudadanos individuales, promover un entorno donde las familias puedan prosperar y enfrentar los desafíos de la vida con resiliencia. Integrar a mas profesionales de la salud, consejeros de familia, líderes religiosos, en una gran cruzada para enfrentar esta pandemia que nos puede sorprender a todos.
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