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Bad Bunny

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Bad Bunny
Juan Taveras Hernández, periodista.

Debe ser motivo de reflexión y de preocupación el fenómeno del ya famoso cantante de calle o “reguetonero” Bad Bonny (Conejo Malo) que goza de gran popularidad en América y buena parte del mundo occidental.

Miles de personas, de todas las edades, se agolpan, y pagan cualquier cantidad de dinero por asistir a sus presentaciones. Francamente no lo entiendo. No logro comprender el fenómeno, pues estamos ante un tipo sin calidad vocal ni musical, y sin mayor atractivo que no sea el mal gusto y la vulgaridad, expresada en sus letras, carentes de contenido melódico y literario. Un sujeto saltando como mono ante un público enajenado que delira hasta la inconciencia sin saber por qué.

No hay dudas de que el mundo está, como decía Eduardo Galeano, “patas arriba” en la cultura como en la política, de tal modo que los valores del buen gusto, de la belleza, de lo ético y lo moral se han desvanecido en el mundo del espectáculo, donde nada es verdad y nada es mentira, donde lo feo ha ocupado el lugar de lo estético, de lo hermoso, de lo bello. Y lo peor, el gobierno patrocina toda esa basura a través de sus instituciones, sin detenerse en el daño que le están causando a la juventud, totalmente enajenada, intencionalmente embrutecida.

La cultura es la cenicienta del Estado, donde menos se invierte y lo poco que se invierte se malgasta o se usa incorrectamente. No hay una visión, una política cultural que defina las acciones del gobierno que a través de los medios de comunicación exaltan y promueven, sin que a nadie le preocupe, esos antivalores. Al contrario, los incentiva.

Bad Bunny es un adefesio artístico, desafinado, rumiando, voceado y gritando en una tarima como uno chimpancés en el zoológico.

Es una lástima que sea el propio gobierno, a través de sus instituciones, quien patrocina, gastando decenas y hasta cientos de millones de pesos de los contribuyentes, quien lo patrocine y promueva en la radio, la televisión, los periódicos y las redes sociales.

Pena y vergüenza ver como empresarios de la podredumbre moral hacen fortuna a costa de la ignorancia y el envilecimiento de una buena parte de la juventud, que como manada se agrupan y se agolpan para ver una “cosa” llamada Bud Bunny, sin importarle las consecuencias posteriores.

Nadie sabe a ciencia cierta si el tipo canta en inglés, español o un dialecto extraterrestre que ni los “millenial” entienden bien.

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