Santo Domingo._ Las tres casas de acogida con que actualmente cuenta la República Dominicana en realidad son meras estancias, donde no se gasta el dinero presupuestado ni realmente se protege a las mujeres víctimas de violencia.
El objetivo principal de las casas de acogida es proteger a las mujeres y sus hijos menores de 14 años de muertes violentas, agresión física, psicológica o sexual, por parte de sus agresores.
Las autoridades ofrecen en esos espacios protección física, apoyo social y legal, terapias y tratamientos psicológicos y atenciones de salud, integración en actividades educativas y de recreación a mujeres con sus niños y niñas.
También las mujeres y sus hijos recibirían capacitación en oficios y manualidades, asesorías en higiene y prevención de enfermedades ligadas a la salud sexual y reproductiva, así como orientación sobre higiene y prevención de enfermedades en niños, niñas y adolescentes.
Las casas de acogida son ofrecidas como un lugar donde las mujeres encuentran paz ante el infierno que padecían en sus hogares, se les promete dar con sus victimarios para que puedan ser libres y reinsertarse a sus vidas cotidianas.
Sin embargo, una investigación del programa Luz y Sombra encontró que en las casas de acogida no es real la protección que las autoridades ofrecen a las mujeres, cero charlas, no se siguen los casos de las internas, falta alimentación, ropa y la higiene personal requiere de un esfuerzo de las féminas.
El equipo de investigación del programa entrevistó a dos jóvenes víctimas de violencia y que estuvieron en casa de acogida, una de ellas todavía en proceso judicial para resolver la situación con su agresor.
“El seguimiento a nuestros casos cuando estábamos allá (en la casa de acogida) no fue como me dijeron, tampoco lo teníamos todo, no teníamos ropa, faltaba a veces la comida, era un poco difícil realmente”, expresó Julia, nombre ficticio para proteger la identidad de la joven.
Julia continuó diciendo “nos dijeron que manejarían nuestros casos, de hecho allá tienen psicólogas y una abogada, y en cuanto al personal de la casa, en su mayoría no te tratan tan bien como dicen, algunos son un poco pedante y pesados”.
Asimismo, en las casas de acogida las jóvenes son prácticamente aisladas de sus familiares cercanos. Les permiten una o dos llamadas telefónicas al día, solo en fechas laborables, fines de semana y feriados, el teléfono esta restringido.
“Imagínate 14 mujeres para hacer llamadas a fiscales y abogados que siguen su caso. Llegan a las 9:00 de la mañana, a las 9:30 abren la oficina, entonces tratar de hablar con quien esté ahí, aun así en ocasiones no te permiten la llamada”, declaró la otra joven y que llamamos Esther, para proteger su identidad.
Esther siguió contando “a las 12 del mediodía, esté o no la comida, ellos cierran la oficina y no se puede hacer más llamadas. Regresan a las 2:00 de la tarde y a las 4:00 termina su jornada laboral. Es poco tiempo para 14 mujeres hacer los contactos telefónicos con abogados, fiscales o familiares”.
El personal para que asista a las mujeres tras los traumas y secuelas de violencia no existe. Según Esther, durante su estadía en la casa de acogida, solo en una ocasión fueron concentradas en un lugar por dos psicólogas y la secretaria, y fue porque había llegado el momento de la salida de dos jóvenes que habían solicitado irse de lugar.
Manifestó que las llamadas a la Fiscalía por parte de las psicólogas solo eran para llenar requisitos. “También a las 8:00 de la noche, las enfermeras, muy buenas ellas, apagaban el único televisor que había en la casa y todos, mujeres y niños, a dormir”, expresó Esther.
Julia insistió que en la casa de acogida donde estuvo normalmente no se hace nada. “Ver televisión, dormir y voluntariamente ayudar con los quehaceres, barrer y limpiar. No recibimos charlas y los contactos con las psicólogas es solo si queremos hacer una llamada o preguntarle algo”.
En cuanto a la alimentación en las casas de acogida donde estuvieron, las mujeres entrevistas por el equipo de investigación del programa Luz y Sombra, sostienen que “a veces no había para comer, se desayunaban con trigo y avena dulce hechos con leche en polvo y frecuentemente almorzaban pastas, arroz, sardina y lenteja”.
Del mismo modo, una pasta de jabón de cuaba la compartían cinco mujeres y una pasta dental entre 10. Lo mismo ocurre con los medicamentos, que aún son suministrados por las boticas populares, no alcanzan para satisfacer las necesidades de salud de mujeres y niños.
Las tres casas de acogida funcionan bajo la coordinación del Ministerio de la Mujer.
El programa de investigación Luz y Sombra que conduce la periodista Priena Almonte se transmite los domingos a las 8:00 de la noche por Super Canal 33.
