Recientemente, inicié un proceso de chequeo médico. Con un poco de ingenuidad, pensaba que ya habíamos superado muchas de las barreras “normativas” que colocan las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) para autorizar servicios a los afiliados que pagan religiosamente su seguro cada mes.
También creía que, tras más de dos décadas de vigencia del Sistema Dominicano de Seguridad Social, los procesos entre médicos, laboratorios y aseguradoras eran conocidos, transparentes y funcionaban con mayor agilidad.
Me equivoqué. Lo comprobé con la odisea vivida para obtener la autorización de unas analíticas indicadas por una doctora. Después de solicitar un permiso en el trabajo, llegué temprano en ayuno al laboratorio. Tras esperar casi una hora, me informaron que ARS Primera, de Humano, donde estoy afiliado con un plan básico, solo autorizaba de inmediato 20 de los 32 análisis.
Antes de salir hacia las oficinas de la ARS, me comunicaron que dos de las pruebas —“por casualidad”, de las más costosas— no estaban cubiertas por el plan básico, “aunque intervenga el papa”. ¡Wao! ¿Las ARS cuidando la sostenibilidad del sistema? Más bien parecen cuidar sus ganancias.
Al llegar a la aseguradora descubrí otro obstáculo: debía presentar un historial médico que mi doctora no me había entregado y cuya necesidad nadie en el laboratorio me había advertido. Para colmo, ese día la doctora no asistió a consulta. Lo más llamativo fue comprobar que otros dos afiliados enfrentaban exactamente el mismo problema.
Aquella experiencia me dejó una reflexión. Muchas ARS parecen estar más interesadas en recibir puntualmente los recursos que les transfiere la Tesorería de la Seguridad Social que en garantizar un acceso oportuno a los servicios de salud. Los requisitos y trámites terminan convirtiéndose en barreras que afectan los bolsillos de quienes sostienen el sistema con sus aportes.
Un seguro de salud no debe medirse por la rapidez con que cobra, sino por la eficiencia y la oportunidad con que responde cuando un afiliado necesita hacer uso de sus derechos, entre ellos de los medicamentos ambulatorios, de los cuales solo cubren hasta un 70% del costo de los más baratos, generalmente.
Urge una supervisión más estricta sobre las ARS. La seguridad social fue creada para proteger a las personas, no para obligarlas a librar un viacrucis cada vez que necesitan atención médica.
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