República Dominicana, como otros países, debe estar preparada para el aumento de la cantidad de lluvias que suelen caer en determinados tiempos, especialmente en la temporada ciclónica, que es entre junio-noviembre de cada año.
Los ciudadanos deben tener sombrillas en manos y estar atentos a los informes de las autoridades de prevención y socorro, encabezadas por el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), para que ningún aguacero los encuentre desprevenidos.
Las autoridades del Gobierno Central y municipales deben enfocar las estructuras de las obras realizadas a una mayor resistencia al impacto de los grandes aguaceros, con la colocación de efectivos desagües, con su debido mantenimiento.
La consciencia ciudadana debe ser mayor en cuanto al deposito de la basura de forma apropiada para que no tapen los imbornales, como sucede con frecuencia en casi todo el territorio nacional. Es recomendable realizar una campaña educativa en ese sentido, bajo el liderazgo de los gobiernos municipales, como es propuesto en varias ocasiones.
Un punto tan transcendente como los anteriores, es la revisión de la manera de asfaltar las vías de comunicación terrestre, incluidos los materiales utilizados.
Me llama a la atención que las inundaciones causadas por la tormenta Melissa hayan abiertos hoyos que habían sido tapados por el Ministerio de Obras Públicas o autoridades locales, que, incluso, ahora están más profundos, por el proceso de limpieza realizado anteriormente para corregirlos.
Eso significa que se debe ir más allá de simples bacheos, con trabajos realizados tomando en cuenta las nuevas condiciones climáticas de República Dominicana y otras naciones.
Ahora más que nunca, las empresas constructoras de obras para el Estado o privadas deben ejecutar los proyectos inmobiliarios dotados de las condiciones para soportar grandes embates de agua por todos los lados, para asegurar las condiciones de calidad, tranquilidad y confort a los ciudadanos.
Entendamos y asumamos que los fuertes aguaceros han trastocado la cotidianidad de nuestro país en términos sociales y económicos. Hagamos los ajustes necesarios para que seamos menos afectados por esa situación.
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